Es decir, cuando vemos un comercial tan pero tan malo, se nos graba o por lo menos se queda pegado en nuestra memoria a corto plazo. Ya sea por la temática estúpida o por la ridiculez que emana, se nos queda.
La pregunta del millón de dólares es: ¿Es realmente malo ese comercial que se nos quedó grabado por lo tonto que era? Yo pienso que no. Por eso, el comercial de "bismutol", de "limonada markos" o de "Pilsen Trujillo" son muy buenas publicidades porque las cancioncitas se quedarán en mi cerebro por muchos años y por lo tanto pensaré en esas marcas cuando necesite de sus beneficios.
Creo que la única y verdadera mala publicidad es la intermedia, el punto medio cuando luego de verla, no te produce nada y por lo tanto no se te queda grabado. La vida y las relaciones interpersonales, a veces, deberían parecerse un poco más a las publicidades.
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