miércoles, 25 de julio de 2012

Asno al volante

Ayer, estaba en el carro de mi papá. Él manejaba y yo iba a su lado mientras coreábamos alguna canción de los años en los que él era joven y yo solo un lejano deseo.
Mi papá siempre ha tenido el defecto de ser un asno al volante: egoísta, picón, jodido, arriesgado, narcisista, etc. Todo un típico "vivito" manejando por las, ya de por sí, desesperantes calles limeñas.

Él, siempre, luego de que algún otro asno al volante le ha hecho alguna mala jugada como: meterle el carro, no darle pase, pasarse una luz roja o botar basura a la calle; ha acelerado y le ha mandado una mirada fulminante de ventana a ventana. Mirada de rabia, a veces acompañada con alguna frase insultante o seña vulgar. Pero lo más importante aquí es la mirada. Una mirada directa que dura solo un par de segundos, pero que dice mucho, mucho de desaprobación, de superioridad y de ira contenida.

Mi mamá, mis hermanas y yo hemos pasado varios años de nuestra vida burlándonos de este hábito. A mí me ha parecido bizarro y divertido también. Pensé que era algo típico de mi papá, algo original; sin embargo estaba equivocada.
Seguíamos cantando, mi papá movía los brazos imitando a un pato inconscientemente. No nos dimos cuenta que nos estábamos pasando la entrada a nuestro destino. Se dio cuenta justo a tiempo y frenó en seco para voltear a la izquierda. Un tipo, atrás de nosotros, tocó la bocina muy fuerte y pasó al lado de nosotros. Pues sí,  nos mandó la mirada de desaprobación. Mirada que yo había pensado toda mi vida, pertenecía a mi papá.
Yo me carcajee y mi papá no me acompañó ya que su personalidad picona, no lo permitió.

Desde ese día, me he pasado observando a los naturales asnos al volante limeños y me he ganado con la sorpresa de que la mirada es típica de los conductores de la rica capital del Perú.
Hay dos cosas que me parecen graciosas: La primera es que los llamados asnos al volante crean que nos importará que algún desconocido nos mire con desaprobación y molestia. La segunda es que debido a nuestras características como grupo social sí genera cólera gracias a la piconería que habita en nuestras almas.
En conclusión, es un hábito estúpido. Pero que lo sea, no quita que sí cumpla su objetivo: joder al prójimo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario